A Ivo y Uda les gusta conocer sitios exóticos, poco conocidos, descubrir naturaleza que sea lo más virginal posible. Trabajan duro para disfrutar de estos pequeños escapes alejados de las ciudades, sin darse lujos pero sí que sean interesantes en una vida que les resulta monótona.
Disfrutan de trabajar, ahorrar dinero y viajar. Así es hasta que, en una de sus aventuras, la pareja encuentra una enorme cápsula de metal. Sin saber demasiado qué es esto, Ivo y Uda despiertan algo olvidado por el tiempo, algo escondido, dormido. A partir de este descubrimiento, habrán desmedidos cambios que han estado hibernando miles de años.

Título original: Despertar de los Esenciales.
© Autor: Luis Aníbal Nez.
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Montevideo – Uruguay
Carta del autor
Despertar de los Esenciales fue mi primera novela, en una época en la que solo escribía cuentos cortos. Antes tuvo otros nombres, eso fue cambiando, pero la esencia es la misma. Como novela, pese a la poca experiencia como escritor que tenía en ese momento me hizo sentir muy orgulloso, pues fue todo un logro personal en sus días.
Fue concebido como una recopilación de cuentos que parecen inconexas entre sí, aunque todas las historias están claramente vinculadas. Esto puede confirmarse en los capítulos finales. Me obligué a escribirla para completar una primera novela, esa era mi meta, logré cumplirla pese a muchas dificultades que surgieron en el proceso.
Era el año 2002, había escrito para ese entonces decenas de cuentos cortos de diversos géneros, ejercitando técnicas, diálogos y descripciones diversas de complejidades graduales. Llegado este punto sentí que debía dar un salto, necesitaba despegar en mi experiencia literaria.
En ese entonces era fundamental para mí dejar un poco de lado los cuentos cortos y escribir una novela entera. Y así decidí comenzar la aventura de escribir esta historia ahora rebautizada como: Despertar de los Esenciales.
Un par de años antes, en el 2000, todavía rondaba por mi mente el inesperado fallecimiento de mi abuelo, ocurrido en el año 1998. Me había criado con él. Esa noche que salió con un dolor hacia el hospital para jamás volver, no se me borraba de la mente. Su pérdida no sólo desestabilizó mi vida, sino también la de quienes formaban parte del núcleo familiar.
La pérdida fue demasiado grande para asimilarla en corto plazo.
Al año siguiente, en 1999, en este contexto de pérdida y tras haber escrito varios cuentos, fue que me propuse escribir realmente en serio, dejar atrás las historias tontas y zambullirme en proyectos de gran porte, cosa que que ni siquiera estaba aún en pañales en mi calidad literaria. De todos modos me lo propuse, como tantas otras cosas que me surgen alcanzar aunque estén lejos.
Y así llegamos al año 2000, un año diferente, de cambios, cambiaba el siglo, el milenio y mi vida entera. Apenas comenzado el año decidí irme a vivir solo, cosa que no era del todo lógica para algunos, ya que no ganaba tan buen salario en mi trabajo. De todos modos lo hice. Me mantuve en el barrio, cerca de la casa de mi abuela pero completamente solo.
En abril de ese mismo año viajé a Paraguay a visitar a mi querida familia que allí vive, un viaje que me agradezco mucho el haber hecho. Gracias a eso, pude cambiar de aires y quitarme de encima recuerdos y preocupaciones. Al regresar a Montevideo sin embargo, pocos meses después todo cambió de nuevo, la aventura de vivir solo terminó siendo un total desastre.
Debí dejar el apartamento que había rentado e irme con todas mis cosas a vivir al altillo de una pensión. Esto fue algo sumamente frustrante y humillante para mí, por lo que filtrando la depresión de lidiar con esto, más las exigencias laborales, fue que me autoinduje en una escritura terapéutica para limpiar los tormentos de esos días y noches.
Y así fue como a mediados del año 2000, frustrado en un ambiente pequeño, oscuro, frío y solitario, me enfrenté a oscuras contra mi ordenador y comencé a escribir decenas de cuentos, uno tras otro. Hoy por hoy, me genera una graciosa nostalgia pensar en que por aquellos días, terminar un cuento de cinco o seis páginas, me llevaba dos semanas o aún más tiempo.
Entre todos esos cuentos, escribí uno que me gustó mucho, bastante, al cual en primera instancia titulé: «La Momia». Este relato lo comencé, terminé y guardé, pero jamás lo olvidé. Continué escribiendo otras historias que nada tenían que ver en los siguientes días, semanas y meses posteriores.
Algunas veces, mientras escribía otras tramas muy diferentes, la historia de La Momia volvía a mi mente, giraba alrededor de mis ideas como un molesto moscardón. De a poco, conforme pasaba el tiempo llegué al año 2002, cuando maduré la idea de por fin subir un nuevo peldaño más en esto de escribir.
Decidí escribir una novela, y qué mejor que continuar con aquella interesante historia, acerca de una momia encontrada en el Uruguay rural. De esa forma dio comienzo la historia que antes tuvo otros nombres pero que ahora, se titula: Despertar de los Esenciales.
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Misterio en el lago

Ivo y Uda

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