Leyenda de Ninmüe

Como leyenda, la Navidad no existe en el mundo de Zyllyön pues, no existe la Biblia ni tampoco el niño Jesús, por lo tanto, poco o nada se relaciona con las creencias de la Tierra. No obstante, allí existe una leyenda relacionada a la etnia bredryvek y puntualmente a quienes habitan el norte del reino Reszászország, donde es bien conocida la Leyenda de Ninmüe.


Título original: Leyenda de Ninmüe.
© Autor: Luis Aníbal Nez.

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Leyenda de Ninmüe

La Navidad como tal no existe en el mundo de Zyllyön pues, no existe la Biblia ni el niño Jesús, por lo tanto, tampoco nada de lo que esté relacionado a las creencias de la Tierra. No obstante, existe una leyenda relacionada en especial a la etnia bredryvek y puntualmente a la que habita en el norte del reino Reszászország.

En esta leyenda se cuenta que una dulce niña llamada Ninmüe, en cada ciclo de vida se dirigía al margen del bosque cercano a la villa donde habitaba y dejaba sobre la nieve un regalo.

Desde muy pequeña, Ninmüe hacía esto luego de haber visto con sus propios ojos a un horroroso ser que habitaba entre los árboles, el cual, según se decía, invadía la villa cuando la nieve era extrema para devorar a todos los niños que encontrase.

Sin embargo, desde que Ninmüe había comenzado a dejar estos regalos en el margen del bosque, estos ataques del demonio conocido como Makr, dejaron de ocurrir.

Pero hubo un invierno en el que Ninmüe no pudo dejar su regalo en la nieve tal como acostumbraba hacerlo pues, se encontraba muy desmejorada a causa de la fiebre. En ese invierno, la nieve era más abundante en el norte de Reszásország, el viento más violento y los truenos hacían temblar el suelo con sus estruendos.

Aún debilitada, Ninmüe, redactó tres líneas con una pluma de ganso y le pidió a su hermana que llevase la misiva al margen del bosque. Dicha carta rezaba:

«Perdóname, Makr, ruego tu perdón por no poder llevarte un regalo este invierno, me encuentro muy enferma. Si no sobrevivo a la fiebre, te suplico que no te lleves a los niños de la villa, son muy buenos, siempre juegan conmigo, solo tienen miedo».

Tras este esfuerzo, incluso desconociendo si el demonio sería capaz de leer, Ninmüe se desmayó.

Su hermana, aterrada por Makr, ese asqueroso demonio que vivía entre los árboles, no tuvo coraje para ir hasta ese lugar al que su hermana solía ir. La carta permaneció entre las manos de la inconsciente Ninmüe.

Todos en la villa estaban aterrados esa noche, abrazaron a sus hijos, niñas, niños, bebés, los encerraron en sitios donde el demonio no pudiera encontrarlos y dedicaron plegarias al dios Vakroy para que ese horrible demonio no se los llevara y los devorara bajo la nieve y viento gélido.

Esa madrugada, en medio de una agonía febril quizás previa a la muerte, Ninmüe creyó ver alguien vestido de rojo y blanco que merodeaba dentro de su habitación.

La noche se convirtió en día, la luz blanco-rojiza de Kava dio paso a la intensa luminosidad blanco-azulada de Küny y la tormenta se disipó. Con las primeras luces, los pobladores no tardaron en percibir que todos los pinos de la villa estaban adornados con coloridas cintas de tela, en especial, los pinos que se encontraban cerca de la cabaña de Ninmüe.

Ningún niño faltaba en su hogar, lo cual generó felicidad en sus padres y abuelos. En casa de Ninmüe, por otro lado, un grito se escuchó con claridad, tal vez de su hermana o de su madre.

Algunos acudieron allí. Se sorprendieron al ver que la feroz fiebre de la niña había desaparecido tan pronto como la tormenta. Ninmüe se levantó de la cama con sus pálidas mejillas ahora sanamente enrojecidas y una sonrisa en el rostro.

A un costado de la cama, había un rústico cuenco de arcilla con restos de un brebaje verde, del cual, Ninmüe aún tenía restos en la comisura de los labios. La felicidad fue inmensa en casa de la niña. Ella misma, tras la algarabía, mostró a todos la carta que había escrito al demonio pues, alguien había garabateado allí unas palabras que rezaban:

«Makr perdonar».

Desde entonces, todos los inviernos, Ninmüe ha mantenido la tradición de dejar sus regalos en el margen del bosque para Makr y por extensión, también se intercambian regalos entre los pobladores de la villa, especialmente para los niños. Además, se adornan los pinos con cintas coloridas que contrastan con la infinita uniformidad de la nieve invernal.

Jamás se ha vuelto a ver a Makr aunque, de vez en cuando, Ninmüe y otros niños reciben regalos que no son de sus familiares, amigos, ni vecinos. La tradición se mantiene hasta estos días.

FIN


4 respuestas a «Leyenda de Ninmüe»

  1. Avatar de lucia242012
    lucia242012

    Genial 😀

  2. Avatar de Krypsaiell59
    Krypsaiell59

    Qué buen descrito ese personaje muy bueno, Luis!!!

  3. Avatar de lucia242012
    lucia242012

    Una historia estremecedora

    1. Avatar de Luis Aníbal Nez

      ¡Muy estremecedora! Cobra vida y relevancia en cada ciclo navideño, como el que ahora se avecina.

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