Un viaje, vacaciones en familia, una zona boscosa, un área repleta de colinas, una cabaña, un arroyo, un puente, otra cabaña, un misterio escalofriante.

En la inmensidad del paisaje rural, una camioneta familiar recorre una ruta solitaria que se recorta entre altas colinas verdes, a un lado y otro del paisaje. A lo lejos, comienzan a dibujarse colinas aún más altas, cubiertas de vegetación silvestre y espesa. Los integrantes de la familia ven el paisaje con seriedad y admiración.
Al volante de la camioneta va Joseph, un hombre de mediana edad que apenas comienza a ver canas en la cabellera. A su lado viaja su esposa, Marie, pocos años menor que él. Detrás de ambos viaja la hija de ambos, una quinceañera llamada Sunny. Joseph y Marie sonríen, incluso a veces ríen con algún comentario y se miran con complicidad.
Sunny, en cambio, permanece todo el tiempo hipnotizada con su móvil.
—Al fin le sueltan la cadena al hombre más productivo del año —bromea Marie, muy sonriente—, y se puede tomar un poco de tiempo libre para disfrutar con nosotras —agrega.
La mujer ríe; contagia con sus risas a Joseph.
—¡Hey! ¿Acaso es eso un reproche? —dice Joseph mientras ríe.

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