Se muerde el labio inferior, sonríe, mira a Joseph, quien ya fuera del vehículo conecta con su mirada y también le sonríe. Entonces sale del coche también Sunny. La niña observa la cabaña, muy brevemente, antes de volver a concentrarse en el móvil y a caminar hacia la puerta de entrada sin más. Marie la observa, se desalienta y entristece.
La pareja retira las maletas y bolsos de la camioneta y se dirige hacia la cabaña que los albergará por unos días.
Al caer la tarde, en la terraza de la cabaña, aún bajo las luces que quedan del día, Marie y Joseph salen juntos a la terraza de madera de la cabaña, sonrientes, felices. Se acercan a la baranda; él la abraza desde atrás, en silencio, y así observan el paisaje.
—Ahora dime, mi amor, ¿valió o no la pena el esfuerzo del año, las noches sin dormir, tantos días que estuvimos alejados? —pregunta él.
—Claro que sí. Todo eso ha sido importante para tu ascenso; ha valido mucho la pena, cariño. No puedo creer que nos trajiste aquí, esto es, no sé… es increíble —responde ella desbordada de felicidad.
Dicho esto, allí se quedan, abrazados, contemplando la maravillosa vista que les ofrece la cabaña desde la terraza, hasta que ella interrumpe ese silencio para decir algo.
—Joseph, ¿y Sunny?

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