Al tiempo que él la observa con especial atención, algo se destroza de golpe en sus oídos y de inmediato es bombardeado por estallidos de sonidos. Se ve obligado a cubrirlos con ambas manos pues, innumerables ecos lo taladran con violencia, en especial el implacable ruido del viento. Algo atemorizada lo observa ella, mientras él resiste como puede al embate de sonidos de la naturaleza que suenan escandalosos.
Tarda un instante en apaciguarse y controlarlo hasta que, tras instantes de tortura, sonríe cuando es capaz de distinguir el canto de pájaros, la melodía del agua al acariciar piedras y el sonido de brisa tibia que pasa de un costado a otro.
Boquiabierto y entusiasta él oye todo eso, se vuelve a enfocar en la mujer que se le acerca cada vez más. Distingue el sonido de la respiración de la chica, también el acelerado latido del corazón. Sonríe una vez más. La joven aún lo observa con expresión de temor.
Al ver como el viento juega con sus largos cabellos, él lo percibe como algo maravilloso, se emociona. Desde sus ojos cae otro par de lágrimas de cromo que reflejan el paisaje. Sorprendido con esto, él mismo examina los huecos que en la arena dejan sus pesadas lágrimas. Casi enseguida, un par de orificios se abren de golpe en su nariz, lo cual genera una invasión aromática intensa cuya existencia ignoraba.
Este estallido llena su tabique nasal. De pronto, es capaz de percibir el aroma salado del aire y mar. Percibe fragancias de árboles que crecen en los alrededores. Inhala un exquisito aire puro que ingresa en su organismo y hace estragos orgánicos que por instantes arden en su pecho.

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