Ella se deja hacer, sonríe al sentir esas caricias, algunas le provocan cosquillas. Con un pulgar él recorre los labios de la chica, ella cierra los ojos, extasiada con tan suaves mimos que le llegan al alma.
Tiene el impulso de abrazarlo, lo hace sin reprimirse, rodea con ambos brazos el cuello de él. Se abrazan con sentimiento. Ella le acaricia la nuca y rostro, él le acaricia la espalda. Se miran y admiran un rato. Ella no aguanta más las ganas, lo aprieta, juntan labios, se besan con pasión.
Él se sorprende y emociona, sus lágrimas empapan mejillas que aún son de cromo. Se besan con intensidad. Él acaricia sus cabellos, al mismo tiempo siente los latidos del corazón de ella con el suyo.
La jovencita se aparta de pronto, él intenta volver a besarla pero, ella mueve su rostro hacia un costado, lo mira de soslayo. Él se enjuga saladas lágrimas inhumanas, no deja de abrazarla. Se contemplan con dulzura. Ante el rechazo de la chica, el hombre siente que algo en su interior se deshace, se descompone.
Algo brota de su ser, se abre paso y hace latir su corazón de forma incesante e incontrolable con más calidez que antes. La adrenalina le aumenta en oleadas hacia el resto del cuerpo, le colorea de rojo la piel de un rostro que antes fue pálido. Parpadea un par de veces.

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