A Zornya se le agotan las provisiones tras varios días de avance ininterrumpido, de hecho merece un descanso, al tiempo que recuerda cómo llegó a esta situación en la ciudad sin nombre.

Zornya
Zornya merece un descanso.
Sus provisiones se le agotan tras varios días de avance, de hecho, se dispone ahora a disfrutar de algunas. De su preferencia es siempre lo mismo, una de las cuatro latas de frijoles que le quedan, dos sorbos de agua y un cigarrillo. Si tiene suerte, mañana tal vez encuentre algo para reponer su provisionamiento antes de padecer sed o hambre.
Hace diez días que avanza de forma continua, ha descansado apenas y dormido poco; siente la necesidad de tomar asiento en el suelo, beber agua, comer y fumar un exquisito cigarro. Es el único placer que le queda. Hace muchos días que no prueba un buen cigarrillo.
Es así que raspa el interior de la lata de frijoles con los dedos, come hasta los últimos restos. Baja el alimento en su garganta con dos sorbos de agua y se reacomoda sobre el suelo para sentir el placer triplicado de volver a fumar.
Enciende una fogata cuando la noche se torna oscura, hace uso de libros, revistas y papeletas políticas como combustible, también un par de billetes húmedos que encuentra en el suelo. Una vez encendida la fogata se vuelve a sentar sobre el asfalto. A su espalda hay un trozo de muralla que ha quedado en pie como resultado de alguna explosión del pasado.

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