Hace rato que el Sol se ocultó en un crepúsculo sombrío, aun así, el cielo se muestra celeste hacia su punto cardinal este, donde se encuentran ubicados los Tres Puentes. Rebasando éstos últimos, existe una luminosa columna de luz que se extiende desde el nivel del suelo y se eleva hasta el difuso firmamento nocturno.
Ella le dedica una ofuscada mirada a esa luz, suspira de reojo, da una calada al cigarro y vuelve a girar los ojos hacia las pocas llamas que quedan en la fogata. Es profunda y fresca la noche, eso no es bueno. Que sea tórrido el día y fresca la noche, le hace deducir que una tormenta muy potente se avecina, como cuando las olas del mar se retiran previo al tsunami.
Que sea silenciosa, por otro lado, le hace pensar que hay una especie de tregua no acordada entre los bandos que batallan. Uno de dichos bandos está conformado por mecanizados soldados de élite que cazan gente por diversión, haciendo uso de tecnología que de tan avanzada parece magia.
En el otro bando hay personas como ella, las cuales apenas se mantienen en pie día tras día. Las supuestas batallas, más que actos beligerantes entre dos fuerzas, acaban siendo verdaderas masacres inescrupulosas. Cuando esto ha ocurrido en el pasado o incluso cuando ocurre ahora, nada bueno sucede posteriormente una vez que reanudan los salvajes, crudos combates.
En cualquier caso y pese a que para esta mujer llamada Zornya, su objetivo claro es llegar a Tres Puentes, hoy es una noche más como cualquier otra en la sangrienta y descontrolada guerra que se libra días tras día en la: Ciudad Sin Nombre.

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