—Bueno, es una mujer, es la pista que te puedo dar. ¿Qué te parece que sería esto?
Ella vuelve a repasar la superficie exterior del asa con la yema del dedo índice derecho.
—Se me ocurre algo, pero tendrían que ser dos asas —Ambos sueltan carcajadas.
—¿Cómo te voy a hacer adivinar eso? Dale, ¿qué otra cosa podría verse así en una mujer?
—Y podría ser… —los ojos de José brillan— pero solo si… —ya no le salen más palabras.
Al mirar a Griselda, la ve radiante, sonriente, brilla con luz propia, asiente muchas veces al entender que José ha adivinado aunque no haya verbalizado. Con esta bella sonrisa plasmada en el rostro de Griselda, grabada a fuego para siempre en su mente y corazón, baja lentamente los ojos, los enfoca y detiene en la taza de té.

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