José
Un tiempo indeterminado después, José recobra la consciencia con cansancio y debilidad.
A pesar de ver todo muy borroso, descubre que se encuentra en una amplia habitación con grandes ventanas rectangulares. El Sol ilumina con fuerza desde el exterior. González pestañea varias veces con pesadez, está seguro de que afuera es mediodía, a juzgar por la inclinación de los haces de luz solar que ingresan por las ventanas.
Durante un rato, la potente luz del astro rey hace que le duelan los ojos. Muy de a poco se adapta a esto, le lleva largos minutos. Se siente débil, frágil, ya no siente dolor en las heridas recibidas en la balacera. Aun así, siente que algo no está bien. Cuando por fin adapta sus ojos a la luz solar, trata de examinar la amplia habitación.
Hay una treintena de camas a su izquierda y derecha, todas vacías. Su nariz y boca están cubiertas por una máscara transparente, la cual, a su vez, posee cables conectados a sus orificios nasales y bucal. Se descubre muy delgado cuando se examina bajo las sábanas, nada alentador. Intenta moverse, levantarse, sentarse en la cama, no puede hacer nada de esto. La debilidad le impide controlar sus movimientos.
Se deja caer hacia atrás, su cabeza vuelve a embocar en el molde de la almohada. Respira hondo, vuelve a intentarlo de a poco. Mueve los dedos de las manos con éxito, abre y cierra los puños varias veces. No tiene noción del tiempo, cuánto ha estado allí, tal vez horas o días. Siente algo de pánico al ver que sus manos no parecen suyas.

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