González intenta hablar, mueve la boca, labios, lengua, pero las palabras no salen fácilmente. Empero efectúa ruidos, una especie de balbuceo incomprensible y sin sentido.
—No diga nada, José, no se esfuerce. Todo va a salir bien. Esperemos al médico.
—¿Gri? —logra apenas decir José con más claridad—. Gri, Gri, ¿dóosdgde esdtá?
—No le entiendo, José, disculpe. No se altere que ya viene el médico, ¿sí?
—Mi nodgvia… Gri…
—No se preocupe por nada. Vamos de a poco. Seguramente, antes que nada le van a hacer varias pruebas para ver su condición. Ahora descanse, ¿sí? ¡Y disfrute de estar por fin acá con nosotros!
González se limita a asentir, no le queda otra opción.

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